Saturday, December 26, 2009

Taller Nacional, de Johan Moya Ramis

A Charles Bukowsky

Me había dado por ser escritor y los invité a todos a casa: Cabrera Infante, Carpentier, Lezama, Virgilio, Severo Sarduí, Reinaldo Arenas y algunos otros. La bulla era grande en el portal. Yo los escuchaba desde la puerta, no me atreví a mezclarme con ellos. Mis viejos estaban sentados en la sala viendo la novela ¿Hasta cuando es esto? dijo mi madre. Necesito escuchar lo que dicen, contesté. ¡Pero si lo único que hacen es hablar mierda!, protestó mi padre. Virgilio se asomó por la puerta y le hizo un guiño al viejo, que gritó: ¡lo último que me faltaba, yo no crié un hombre para que fuera maricón!! ¡Déjenme oír la novela, cojones!, gritó mi madre. En eso entró Lezama, fue hasta la cocina y se comió media cazuela de chicharrones. Pobre hombre, dijo la vieja, antes de irse recuérdame darle un régimen de dieta, buenísimo. Hay uno allá fuera que nos va a buscar problemas con el C.D.R, alertó mi padre. Debe ser Reinaldo, dije, es inconforme pero inofensivo. ¿Quién ese que habla tan enredado; no se le entiende ni lo que dice? preguntó mi madre. Carpentier, contesté. En eso entró Severo con cara de aburrimiento. Necesito un teléfono, dijo. ¿Qué pasó? Reinaldo se dio un tiro en la cabeza ¡Y yo que limpie el portal esta mañana!, se quejó mi madre. La culpa es tuya, por consentir a este en todo, dijo mi padre apuntando hacia mí. No dije nada. Me levante y acompañé a Severo hasta el teléfono publico de la esquina.

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